In Memoriam del Comisario Principal D. Vicente Perales
Parecía que te leía el pensamiento, sabía catalogarte rápidamente
Allá por finales de los 90, tuve el gran honor de conocer al Comisario. Por aquel entonces, ocupaba el cargo de segundo jefe de la Policía Nacional de la Comunidad Valenciana; lo que hoy conocemos como Jefe Regional y que antiguamente se denominaba Inspector Regional de Servicios.
Previamente, había pasado por la Brigada de Policía Judicial de la Jefatura, consolidándose como un referente en el Cuerpo. Era un jefe de la «vieja escuela» que priorizaba el instinto y la información a pie de calle frente a la burocracia moderna.
Vicente sabía «mojarse» por los suyos. Cuando daba una orden, las trabas administrativas desaparecían. Contaba con una extensa red de informadores y contactos en distintas instituciones que le profesaban un profundo respeto. La sensación general era que, cuando el Jefe levantaba el teléfono, cualquier inconveniente se solucionaba. Gozaba de un gran prestigio, no solo entre sus subordinados y compañeros, sino también en el ámbito político y empresarial.
El Comisario conocía perfectamente la idiosincrasia de la sociedad valenciana y los entresijos del mundo delincuencial. Era un policía de instinto, un sabueso capaz de intuir, casi desde el primer momento, quién podía ser el autor de un crimen.
Siempre transmitía la sensación de que, cuando le contabas algo, él ya lo sabía y simplemente te estaba poniendo a prueba. Era un policía «muy largo» que sabía manejar los tiempos como nadie; si te daba su palabra o su respeto profesional, podías confiar plenamente en ello.
No era extraño encontrarlo un sábado por la mañana o en días festivos visitando la Jefatura, ataviado con su chándal de caminar y acompañado por su perro. Con ese gesto, recordaba sutilmente a sus subordinados que el Jefe siempre estaba atento.
Tras su jubilación, escribía pequeñas crónicas semanales que publicaba en una web y distribuía a una lista de contactos. Eran palabras sabias y reflexiones sobre la vida cotidiana. El pasado domingo 19 de abril nos dejó la última, la cual transcribo a continuación:
MONJES Y OTRAS LLAMADAS DIVINAS.
Alejado del Mundo, vive
el monje en el monasterio.
“ Ora et labora “ tiene por
lema; guarda silencio.
Repasa su vida anterior,
pidiendo clemencia a Dios
por los yerros cometidos;
en Él cree, por asumida Fe,
y tiene puesta la Esperanza.
Centrado en su vida interior
y en la observancia de las
reglas monacales, nada añora
del exterior y de lo que atrás
dejó cuando siguió la llamada
divina.
La entrega sin reservas a su
vocación, no se opone a la
a la religiosa y sacerdotal
ejercidas en otros claustros,
en parroquias y en la Iglesia
misionera; se complementan.
Todas son un camino por amor a Dios y a los hombres, a la manera de Jesús .
Precisan apoyo, oraciones y comprensión.
«Amigo Vicente, te has adelantado en el camino hacia la eternidad. Allí nos encontraremos todos algún día, y será un verdadero honor volver a saludarte. IN MEMORIAM.”, descanse en paz.